Hablando de tebeos desde julio de 2007

viernes, 13 de julio de 2007

"TRES ARTISTAS EN PARÍS": ENTREVISTA CON ÓSCAR ZÁRATE Y CARLOS SAMPAYO


(c) Clemente Corona - ClubCultura

Ahora que en 2007 el cómic factura millones de euros en nuestro país, hay más editoriales que nunca arriesgando sus capitales en la edición, los consumidores de cultura han encontrado en las viñetas la misma ración de arte que en los párrafos de escritores o los fotogramas de las películas y sus autores –aún sacudidos por la crisis estructural de la profesión- saltan de un medio a otro y obtienen el reconocimiento de todos, se hace difícil creer que hubo un tiempo -no muy lejano- en el que el lector de cómics estaba, automáticamente y sin más razón que sostener un tebeo, bajo sospecha, y más aún quien los creaba, pasando penalidades sin cuento de las que apenas tenemos idea por álbumes como los que Carlos Giménez llevó con Los profesionales como protagonistas.


Pero incluso en aquellos años oscuros en que los tebeos luchaban, por una pinza en los quioscos, con las revistas porno recién permitidas tras la muerte de Franco, y los autores del medio soñaban con Francia - como braceros que empuñaran plumines en lugar de tijeras de vendimiar-, había nombres que conciliaban a todos con todos: y dos de ellos, dos de los galácticos de y desde entonces, los argentinos Carlos Sampayo y Óscar Zárate, han contribuido a base de talento y trabajo a que hoy se reconozca al cómic como el noveno arte. Ahí está la gran saga co-creada por Sampayo y protagonizada por ese colega de Philip Marlowe que atiende al nombre de Alack Sinner, que con arte del recién premiado en el Salón de Angôuleme –y también argentino- José Muñoz, lleva casi tres décadas concitando el fervor de miles de lectores de todo el mundo; mientras que Óscar Zárate –amigo íntimo y compañero de penas y alegrías de los dos, pues los tres se iniciaron, jóvenes y juntos, en esto del tebeo- hizo saltar la banca cuando se asoció a Alan Moore y, del brainstorming, salió ese cómic tan inclasificable como imprescindible que es Historia de un asesinato. Así nos encontramos lo mejor de ambos en su obra Tres artistas en París. La colaboración de Zárate y Sampayo no podía por menos que ser un jugo destilado en el que se encuentran los sabores más reconocibles de dos grandes quienes, juntos, paren una obra que, por lo talentosa, trasciende las fronteras cada vez más amplias y difusas del cómic y se introduce en la dieta cultural de todos, compartiendo atención con Jaime Hernández, Daniel Clowes o Moebius.

Tres Artistas en París es la historia de los sueños de la juventud, del amor que marca de verdad, del arte entendido como forma de vida y pan de salvación. Zárate y Sampayo nos presentan unos personajes reales como nosotros mismos por lo trágico y lo patético: un escritor, un pintor y un músico, todos ellos nominados para una beca en reconocimiento de sus respectivos talentos. Pero llegó una mujer y la bohemia seguía allí...

¿Hasta qué punto han empleado sus propias vivencias personales en la elaboración de Tres artistas en París?


Óscar Zárate: Toda ficción es personal. En Tres Artistas en París, en cada uno de los personajes, hay partes de la vida de Carlos y mía, de personas que conozco o que creo que conozco, de situaciones que viví o creo haberlas vivido. Del momento que estas experiencias se transforman en un cuento, entra la ficción.

Carlos Sampayo: En la elaboración de un relato siempre hay experiencia personal. No los hechos, sino el producto de la observación y la reflexión. El tema del arte y la expresión, para quien se ocupa de él, es experiencia personal

¿Cómo definirían Tres artistas en París? Es un cómic que satisface a cualquier buen lector, más allá de que sea devoto del medio o no…


OZ: Mi mayo preocupación mayor es tratar de contar y dibujar -lo mejor que yo pueda- dentro del lenguaje que yo amo, que es el cómic, y producir algo que sostenga mi propia mirada y mi propio juicio. Mientras dibujo, el libro para mí es como una manera de razonar sobre la vida con el papel. Del lector, lo que espero es el contacto, que en algún momento de su lectura nos encontremos.
CS: Esa es la intención, aunque sabemos que el lector de libros, de narrativa, en España, es reticente a un medio que no tiene buena prensa.

¿Cómo es su método de trabajo? ¿Entrega Carlos un guión al estilo cinematográfico, lo ilustra Óscar y lo devuelve para que Carlos incluya los diálogos? ¿O Carlos entrega a Óscar un storyboard?

OZ: Nos lleva mucho tiempo edificar una historia en la que Carlos y yo estemos de acuerdo y nos sorprenda. Es un proceso de intenso intercambio. El ping pong creativo entre nosotros es permanente.

CS: Trabajamos juntos en la elaboración de las líneas generales de la historia. Después, intercambiamos la experiencia de la elaboración de cada cual. Hay dibujo en mis guiones, hay diálogos en los dibujos de Oscar. El contacto es permanente y discutimos todas las situaciones.


Tanto uno como otro han dado algunas de las mejores obras del cómic de los últimos años. ¿Es eso suficiente para crear un modo de vida basado sólo en el cómic, o recurren a otros trabajos?
OZ: Me siento privilegiado. Dibujo las historias que quiero contar, trabajo con Carlos y casi vivo de esto.

CS: Se puede vivir sólo de esto, aunque en mi caso tengo, además, otras ocupaciones: novela, enseñanza, colaboraciones editoriales.

Carlos Sampayo ha tocado prácticamente todos los modos de expresión escrita que existen. ¿Cuál es el que más le satisface?
CS: Es una pregunta fácil de contestar: el que más me satisface es la escritura. Y desde allí, ponerla donde quepa.

¿Tienen otros proyectos futuros en común?

CS: Estamos trabajando en un nuevo libro, Fly Blues, que toca muchos temas de la realidad contemporánea, como el de la violencia y la soledad, pero sobre todo el de la expresión artística. Es una historia llena de tensión ambiental y argumental.

Carlos da un toque trágico y profundo a la historia con su arte. ¿Cuáles son sus influencias? ¿Qué artistas consideran imprescindibles dentro del cómic?

OZ: Hoy, mi influencia es un árbol que he visto en una vereda del barrio donde vivo, y no veo el momento de poder ubicarlo en uno de mis cuadros de Fly Blues. Mis influencias son todo lo que me rodea, todo lo que veo, todo en lo cual se produce un contacto. Tengo curiosidad por algunos creadores de cómic. La lista seria larga y quizás obvia, pero hay alguien al cual me gustaría mencionar: un favorito mío de toda mi vida, Roy Crane. Roy cuenta (contaba) historias patrióticas norteamericanas (su personaje se llama Buz Sawyer), pero qué bien que las cuenta... Para mí, es el mejor narrador de cómics…

CS: En mi caso, respeto a algunos artistas de cómic, no muchos. Sólo los buenos narradores, y no me refiero a guionistas, sino a narradores por imágenes. Me nutro de la narrativa de los siglos XIX y XX y del cine clásico, sobre todo, y aquí hay extraordinarios narradores por imágenes.

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